Hay momentos en la maternidad que pasan desapercibidos mientras suceden.
La última vez que tu bebé se quedó dormido sobre tu pecho.
La última vez que te pidió que lo cargaras porque estaba cansado.
La última vez que se acurrucó contigo en medio de la noche.
No hay una alarma que te avise.
No existe una despedida.
Simplemente ocurre.
Un día cargas a tu bebé porque no quiere caminar y al siguiente te das cuenta de que ya
corre solo.
Durante el embarazo soñamos con el día en que conoceremos a nuestro hijo. Pero pocas
veces pensamos que cada etapa tiene fecha de caducidad.
Los despertares nocturnos terminan.
Las pataditas dentro de tu vientre terminan.
Las tomas de leche terminan.
Los brazos pequeños alrededor de tu cuello terminan.
Y aunque en algunos momentos parecían eternos, después descubrimos que eran
demasiado cortos.
Quizá por eso muchas mamás sienten nostalgia incluso mientras viven momentos difíciles.
Porque en el fondo saben que todo está cambiando.
Si hoy estás embarazada, acaricia tu pancita unos segundos más.
Si estás lactando, abraza a tu bebé unos minutos extra.
No porque debas disfrutar cada segundo.
La maternidad es agotadora.
Hazlo porque algún día extrañarás incluso las cosas que hoy te cansan.
Y cuando llegue ese momento, agradecerás haber estado presente.
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